Mi querida Tía Isa. Hoy nos toca despedir con profundo amor y gratitud a una mujer excepcional, una tía que, aunque vivió siempre en otro país, jamás estuvo lejos de nuestro corazón. La distancia nunca fue un límite para su cariño: siempre estuvo pendiente, presente en cada llamada, en cada gesto, en cada palabra de aliento que nos regaló a lo largo de los años.
Fue una persona generosa, de esas que dan sin esperar nada a cambio. Su bondad se sentía incluso a kilómetros de distancia. Siempre apoyó a mi papá y a cada uno de sus hijos, acompañándonos en los momentos importantes, celebrando nuestras alegrías y extendiendo su mano en los días difíciles.
Su vida fue un ejemplo de nobleza, fortaleza y amor sincero. Nos deja recuerdos llenos de ternura y un legado de generosidad que seguirá iluminando a nuestra familia. Aunque hoy sentimos su ausencia, nos consuela saber que su luz y su amor permanecerán con nosotros para siempre.
Descansa en paz, querida tía Isa Gracias por tanto. Nunca olvidaré nuestras charlas y risas en St. Pete! Tu memoria vivirá en cada uno de nosotros.